La carne es una fuente importante de proteínas de alto valor biológico, que aporta una gran cantidad de micronutrientes en los que se incluyen las vitaminas del complejo B, hierro, potasio, fósforo y zinc, pero no es necesario comerla todos los días.

Una de las claves, desde el punto de vista de la salud, es saber elegir los cortes con menos grasa y limitar el consumo de las procesadas (aquellas que han sido transformadas a través de la salazón, el curado, la fermentación, el ahumado, u otros procesos para mejorar su sabor o su conservación). En 2015, la OMS clasificó el consumo de carne roja como probablemente carcinógeno para los humanos y el de carne procesada como carcinógeno. Además, un alto consumo de estos dos tipos de carne se ha relacionado también con un mayor riesgo de enfermedad cardiovascular y obesidad por su contenido en grasa y sodio.

Las carnes rojas son ricas en mioglobina, un pigmento que contiene hierro y que le da ese color. Algunos ejemplos son la carne de vaca, ternera, cerdo, cordero, carnero, caballo o cabra, y las de caza (excepto aves y conejo). Las consideradas blancas son las que contienen menor cantidad de mioglobina. En general, se consideran carnes blancas el pollo, el pavo y el conejo.

A veces, en un mismo animal, según la edad y el corte, se pueden encontrar partes blancas o rojas y zonas con más o menos grasa. Por ejemplo, en el cerdo, los cortes de lomo, la paleta y el solomillo son los que tienen menos grasa; en el vacuno, el vacío, el lomo alto o bajo, el solomillo o la contra; en el cordero y el cabrito, la pierna; y en aves, la pechuga y el muslo. Se considera carne magra a aquella que tiene menos de 10 gramos de grasa total por cada 100 gramos de alimento, menos de 4,5 gramos de grasa saturada y menos de 95 gramos de colesterol, de acuerdo con la definición de la Administración de Alimentos y Medicamentos de EE.UU.

Aunque tradicionalmente lo que consideramos carne roja va unido a mayor grasa y la blanca a menor, hay ejemplos de lo contrario. La gallina, que es carne blanca, tiene mucha grasa, mientras que el solomillo de ternera, que estrictamente es carne roja, tiene poca grasa y pocas calorías, pero aporta muchas proteínas y hierro, entre otros nutrientes.

Cómo cocinarla

Otro de los puntos sensibles es la preparación culinaria del producto. Para evitar añadir más grasa a la carne lo ideal es hacerla a la plancha o al horno y, si se añade alguna salsa, que sea de verduras. Se deben evitar las frituras, rebozados, que absorben mucho aceite; y las salsas grasas.

Además, para reducir durante el cocinado la formación de sustancias químicas dañinas para la salud, como las aminas heterocíclicas y los hidrocarburos aromáticos policíclicos, el Instituto Nacional del Cáncer de EE.UU. recomienda no exponer la carne directamente a las llamas o a una superficie caliente de metal y evitar cocinar por un periodo prolongado (especialmente a altas temperaturas), usar el microondas para preparar la carne antes de exponerla a altas temperaturas, voltearla continuamente, quitar los trozos chamuscados y evitar las salsas de jugo de carne.

Fuente: ABC

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